Estar en el Future Innovation Summit 2025 en Dubái como la única representante latina fue un honor indescriptible y una responsabilidad que llevé con orgullo. Este evento, que la revista Nueva Mujer ha descrito como un precedente histórico para Ecuador, no solo destacó la importancia de nuestra voz en el ámbito global, sino que también reafirmó que nuestras ideas y perspectivas son valiosas en cualquier escenario. Fue un recordatorio poderoso de que creer en uno mismo y en el impacto de nuestras contribuciones puede abrir puertas inimaginables. La emoción de compartir nuestras innovaciones y cultura con el mundo fue inmensa, y espero que inspire a más latinos a alzar su voz y reclamar su espacio en estos foros internacionales.
Entre rascacielos y visionarios Dubái es una ciudad donde el futuro parece haber llegado antes. En medio de esa atmósfera vibrante, me encontré compartiendo escenario con líderes de instituciones que están literalmente diseñando el mañana: la Dubai Health Authority, la Universidad de Cambridge, SpaceX y Marvel, entre otros.
Pero más allá de los nombres imponentes, lo que realmente resonó fue el poder de las ideas.
La calidez latina en un mundo de algoritmos Participé en el panel «Our Role in Shaping AI: The Importance of Aligning AI to Act in Service of Well-Being». Allí, frente a una audiencia global, tuve la oportunidad de plantear algo que a menudo se pierde entre tantos datos y códigos: la dimensión humana.
Hablé de cómo enfrentamos los desafíos en Latinoamérica —nuestras brechas, nuestras luchas, pero también nuestra inmensa creatividad y resiliencia—. Defendí la idea de que la tecnología no debe solo ser eficiente, sino también ética y empática. Los algoritmos pueden procesar datos, pero somos nosotros quienes debemos darles propósito y corazón.
Un mensaje para las líderes del futuro Ver mi nombre junto a expertos de todo el mundo me recordó algo importante: no hay mesa en la que no merezcamos sentarnos.
Este logro es un testimonio del poder colectivo de las mujeres y profesionales de nuestra región, quienes con su creatividad y esfuerzo constante están redefiniendo el panorama global. Dubái, con su vibrante mezcla de culturas y oportunidades, me acogió con los brazos abiertos, pero fue la esencia ecuatoriana y latina la que realmente resonó y dejó una marca indeleble. Agradezco a Nueva Mujer por reconocer este hito, que no es solo personal, sino un reflejo del potencial ilimitado que poseemos. Regreso con la certeza de que el futuro es un lienzo en blanco, listo para ser pintado con nuestras historias y sueños.
¡A seguir brillando y rompiendo fronteras!





